¿Eres memorable?

En un mundo hiperconectado, donde compites por lograr la comunicación más efectiva,
tu marca resalta cuando el nombre de la persona a la que sirves importa tanto como el tuyo propio.

Cuidar ese detalle marca la gruesa línea entre la indiferencia y la pasión.

Primera clave:

La comunicación es tu activo más importante. ¡Aprovéchalo!

¿Sabes cuál es el error más común entre las marcas? Tener un equivocado concepto de comunicación.

Si crees que todo se trata de promocionar tus productos, difundir tu imagen, o publicitar tus servicios con frases como “Número uno en el mercado”, “Empresa líder”, o “Somos la mejor opción”, porque quieres generar altos ingresos ya, ahora, en este momento…, ummm…, entonces no has entendido de qué va esto ni has apostado a lo grande.   

Piensa en este ejemplo:

Encargas un logotipo llamativo y un sitio web con un diseño novedoso, pagas por rankear primero en Google, te propones aparecer en cuanta red social te pueda generar tráfico, contratas agencias para que te hagan viral, y luego de unos cuantos like no vendes como quisieras y las personas no regresan.  

-¿Qué pasa?- te preguntas con angustia, porque has gastado mucho dinero y porque sabes que lo tuyo tiene potencial.

La respuesta es simple:

NO – SE TRATA – SOLO – DE TI.

Te has centrado en el mensaje visual, en amplificar su bombardeo, en hablar de lo increíble que eres y en esperar reacciones, mientras que la persona que tienes enfrente quiere sentir que hablas con ella, que la escuchas, que la llamas por su nombre, aunque no te sepas ese nombre.

La comunicación no es solo publicar mensajes para ser consumidos por otros. Eso hoy lo hace cualquiera y no por ello sobresale.

La comunicación es intercambio. Y eso… eso lo hacen muy pocos.   

Segunda clave:

Ser memorable va más allá de ser reconocido, ser memorable es ser digno de recordar.

Una marca se puede instalar en el recuerdo por:

  • mentir sobre la calidad de sus productos,
  • por ofrecer un trato decepcionante y áspero,
  • por hacer vivir una fea experiencia a quien la compra…

Y ¿es digna de recordar por ello? No. No lo es, excepto para advertir a otros: ¡no confíen en ella!

Tu marca puede, incluso, estar en todas partes, ser reconocible, ser consumida y, sin embargo, no lograr que los clientes se queden a tu lado. Una y otra vez tienes que volver a comenzar desde cero tus campañas y eso se traduce en gastos que podrías evitar.

¿Qué falla entonces? ¿Qué te hace merecer una sonrisa de placer genuino o una recomendación entusiasta? ¿Qué provoca en las personas unas ganas tozudas de comprar tus productos o servicios antes que los de tu competencia? Pero, por sobre todo, ¿qué les provoca volver, con esas mismas ganas, una y otra vez?

La respuesta vuelve a ser simple:

Las marcas valiosas cuidan los detalles, las marcas desaliñadas los obvian.

He aquí tres detalles sagrados que te harán brillar

Escribir bien importa

Un texto con faltas de ortografía, errores gramaticales, puesto como bloque para llenar espacio, o demasiado parecido a muchos otros que abundan en la web, es la imagen de una marca descuidada, sin personalidad y, por lo general, improvisada. ¿Es eso lo que quieres trasmitir?

Tratar con amabilidad importa

El buen trato construye fidelidades. Ante un mal producto o servicio inicial, el trato afable y respetuoso es, casi siempre, el que mantiene a flote la reputación de la marca. Anticipar necesidades y responder ante las crisis con preocupación sincera es vital. Pero... ¿sabes ser amable?

Ser coherente importa

Si prometes chocolate caliente cargado de avellanas, y luego cobras por 15 frutos secos mientras sirves solo tres, ganas a corto plazo, pero pierdes un regreso y una recomendación. La palabra que tus actos no respaldan se vuelve tu peor aliada. ¿Prometes lo que no das?

Estos detalles “obvios”, que “de sobra conocemos”, son los que con mayor frecuencia descuidamos o,
en ocasiones, no sabemos siquiera cómo cuidar.

Cuenta una historia, mas cuéntala con calidez, entrega y elegancia

Mi nombre es Yetel. Soy consultora de comunicación y, a lo largo de los años, he observado cómo muchas marcas personales y empresariales con enorme potencial de triunfo dejan a un lado su autenticidad, aquello que las hace únicas, para copiar de manera apresurada y torpe lo que medio mundo hace, porque les han dicho que es cool, que es la última tendencia en el mercado, que “¡cómo se van a quedar atrás!”. 

Pierden estas marcas, por esnobismo o desconocimiento, la posibilidad de crear un mensaje genuino, con estilo propio, elegante, que allane los caminos para aumentar los regresos y las recomendaciones. ¿Acaso no se gana así más?

Ante ello, creé Comunicación Efectiva como un medio para ayudar a corregir el trabajo “hecho a hacha y machete” –como dice la frase-, ese que disfraza a personas y empresas de lo que no son y las hace parecer caricaturas defectuosas de grandes firmas.

Me dedico a observar la manera en que se muestran las marcas, la calidad de su comunicación, las potencialidades que desaprovechan y, en consecuencia, ofrezco rutas para lograr una conexión más estrecha con quienes, a ellas, se acercan.

La comunicación para ser efectiva no requiere trucos ni poses, requiere respeto, autenticidad y sensatez.

Cada semana... ¡nuevas publicaciones en el blog!

Y si necesitas ayuda para que tu marca construya una comunicación genuina y perdurable,
con ese sello personal que hace que sea efectiva, no dudes en explorar el sitio y en ponerte en contacto.